Tallando el vacío
Teresa Sanchez
Abril, 2018
Estructurar el vacío es el tema que aúna las siete piezas que exhibe Teresa Sánchez en SN maCarena, creadas entre 2010 y 2018. A propósito de esta exposición conversé con ella en su taller, y me dijo: “Yo quería hacer una serie de piezas en las que después de definir su volumen, lograra vaciar parte de ellas. Sin preocuparme por el tiempo que tomara su realización, me proponía retirar paulatinamente, con mucho cuidado y utilizando herramientas como los formones, la gubias y también el taladro, trozos de madera con el objeto de privilegiar la estructura, dejando lo esencial para su sostén y utilizando el vacío como parte de la obra”.
Este interés se inició con un trabajo titulado Nubes, que obedeció a dos retos: lograr un dibujo tridimensional que siguiera una línea continua y crear una estructura liviana. La resolución de estos dos temas dio origen a un conjunto de piezas cuya apariencia la remontó a su infancia, a esos largos momentos en los que se dedicaba a mirar las formas cambiantes de las nubes; de esa remembranza surgió el nombre de esta instalación. Y de la liviandad apareció el interés por el vacío.
Mientras Teresa me mostraba las tres Péndolas, el Arco, el Instrumento y Mangle, me explicaba cómo sustraía la madera en cada una de ellas para generar el vacío. Una y otra vez, aludió a su modo de trabajar ahuecando la madera, “quitando lo que sobra”, y también me habló del escultor norteamericano Martin Puryear, como una influencia en el origen de sus trabajos más recientes. Esas palabras suyas, no solo me remitieron a los inicios de su trabajo, sino también a la historia de la escultura.
Mangle, ofrece la posibilidad de hablar de la importancia del dibujo, presente desde sus primeros trabajos. En un comienzo sus “dibujos” de madera, actuaban como relieves, eran completamente geométricos, abstractos y con color; luego se hicieron tridimensionales, más orgánicos, y la madera natural cobró un rol protagónico.
En esta pieza compuesta por cuatro segmentos, Teresa aborda un tema similar al de una obra temprana, Manglar (1989), un relieve donde las líneas se entrelazaban. Pero en esta ocasión tenía resolverlo en tres dimensiones, a partir de un dibujo bidimensional que trazó sobre la pieza de madera. Para lograrlo era necesario tallarla con especial cuidado, y así generar el vacío. Era preciso ahuecarla, “cavar”, para poder obtener esas líneas continuas, retorcidas, entremezcladas, como las de los troncos de los manglares naturales. La solución la fue encontrando durante la ejecución, que le impuso retos, para ella, hasta ahora desconocidos.
El término “quitar lo que sobra”, me hizo recordar a Miguel Ángel, quien decía que al enfrentarse al bloque de mármol, él procedía a quitar lo que sobraba. Lo que es evidente en sus esclavos, donde aun convive el bloque con la figura. En uno de sus poemas, el escultor italiano escribió: “Así, oh mujer, como al sacar la imagen/ se pone en piedra dura/ una viva figura/ que crece más cuanto la piedra pierde…” Teresa hace un proceso inverso, talla, quita, no para que surja la forma, sino para que surja el vacío al interior de una pieza de madera.
Un aspecto que también ha caracterizado su trabajo, es el “rigor en el oficio y la excelencia en el manejo de la técnica”. El cuidadoso manejo que le da a las distintas maderas que utiliza, en esta ocasión nogal y cedro, hace que sus piezas sean impecables.
Las superficies lisas y pulidas, invitan al tacto. Las formas son perfectas, minimalistas, esencialistas, hay en ellas, una sobriedad que se complementa con una cuidadosa disposición en el espacio, que siempre me conduce al minimalismo, a las obras de esos artistas de los sesenta y setenta que cambiaron el rumbo de la escultura. Pero a la vez, en su organicidad y en su oficio, son enteramente distintas, opuestas, diría yo. Es más probable que tengan algo en común con la escultura del artista post minimalista, Martin Puryear. Según me contó Teresa, en buena parte, del encuentro con su retrospectiva en el MOMA, procede la búsqueda de una estructura liviana, etérea.
Ella como Puryear, se apasiona por el oficio, por ese aspecto artesanal de la obra, sin que el término resulte peyorativo. Ambos comparten una inclinación que oscila entre la abstracción y la figuración. En el caso de Teresa , sus obras frecuentemente remiten a la naturaleza y de allí devienen sus nombres. Un dato interesante es que los títulos los otorga a posteriori, cuando la obra está terminada. Así que es la forma la que remite a un nombre, y es un problema el que da lugar a la forma.
El tema del vacío, también me ha hecho recordar la obra de Michael Heizer, Doble negativo, esa poderosa construcción erigida en el desierto de Nevada, donde la forma negativa, se impone de manera monumental en medio del paisaje. La escala que trabaja Teresa Sánchez es otra, una muy distinta, y seguramente sus preocupaciones son diferentes. Los dos artistas con herramientas y objetivos diversos, tuvieron que ahuecar el material, tallar el vacío. Heizer cavó la roca utilizando una poderosa maquinaria, un equipo de trabajadores para resolver un asunto conceptual, tal vez ligado a las experiencias que tuvo con su padre, un importante arqueólogo. Teresa, en su taller soluciona un problema conceptual y formal, con la utilización de sus gubias, sus herramientas, para ahuecar y pulir pacientemente la madera.
Ha sido su empeño en tallar el vacío, la delicadeza y paciencia con la que ejerce su oficio, lo que me ha llevado a pensar en ese trabajo que erigen los artistas de hoy y de siempre, que con sus obras ocupan el espacio que habitamos, con su formas llenas o con sus formas vacías.
Marta Rodríguez