Pinturas sobre pinturas
Gustavo Niño
Agosto - septiembre, 2025
La insospechada relación entre imagen y palabra, que se manifiesta en los títulos de las obras de Gustavo Niño, es la puerta de entrada a la presente exposición que recoge el trabajo de los últimos años del pintor. Tanto así que el mismo título con el que el artista bautizó a su muestra individual es un juego semántico que enmarca su trabajo pictórico en una doble vía, cuando el título alude a un proyecto intelectual basado en una reflexión desde la práctica pictórica sobre la historia del arte y, al mismo tiempo, resalta el oficio del pintor como aquel que propicia el diálogo con múltiples capas de imágenes para llegar a la resolución formal que hoy nos presenta.
Sobre este primer aspecto, el título de una de las piezas más grandes de la muestra da luces sobre la manera en que Niño entiende su práctica pictórica como una manera de actualizar la larga tradición de pintura abstracta en la historia del arte occidental: “Estructura borrosa y subatómica […] diseñada para ver otras pinturas pasadas, presentes y futuras.” Es así como esta exposición se plantea como un caleidoscopio que, como un juego de espejos, nos invita a la contemplación basada en la exaltación de la tradición cultural que une al trabajo de muchos pintores a lo largo de varias generaciones. Contrario al trabajo de los pintores modernistas, cuyas obras surgían desde la intención de romper con la tradición, aquí el pintor recompone la genealogía de creadores que exploran la especificidad del medio pictórico desde la abstracción.
Esta forma de posicionar su propio trabajo es una preocupación que atraviesa buena parte del cuerpo de trabajos de Niño, en donde su trabajo se desarrolla como una constante reelaboración de la larga tradición de la pintura abstracta a partir de una colección de gestos pictóricos plenamente reconocibles para la historia del arte.
En una misma composición, Gustavo superpone las maneras de pintar de múltiples artistas que forman parte del canon de la tradición de pintores que piensan en los límites de su oficio a partir de las características propias de su práctica para darle continuidad a estas investigaciones por medio de una búsqueda basada en una mirada histórica.
Esta preocupación de orden conceptual sobre la relación del artista con la historia de la pintura tiene una aproximación complementaria en la forma en que visualmente están construidas estas pinturas. Su oficio como pintor se exalta en títulos que subrayan el proceso mismo de creación de la obra, como, por ejemplo: “Pegotes alegrones decorando errores y borrones.” La complejidad visual de cada una de estas pinturas es el producto de años de trabajo, en donde sobre una misma superficie se han superpuesto varias imágenes que han sido repintadas en múltiples ocasiones hasta llegar al resultado final.
Entre estas capas se identifican manchones, salpicaduras, borrones, brochazos, coberturas, veladuras y hasta incursiones en la pintura figurativa, que nos recuerdan que el oficio del pintor se desarrolla como una conversación con la superficie que se va transformando a medida que materializa la obra.
Este diálogo entre la pintura y la subjetividad del artista, más que un proceso mental, es un proceso afectivo, algo que escapa a un proceso de traducción a una lógica lineal cuando la superficie pictórica se transforma en el epicentro del encuentro entre el cuerpo del artista, que funciona como catalizador de una experiencia única para el espectador por medio de la capacidad del creador de activar y responder a la materialidad del pigmento con el que trabaja.
Para concluir este escrito, vale la pena detenernos en una última pieza que se titula “Abstracción anulada por la abstracción.” Título que en un principio se podría entender a partir del doble significado de la palabra abstracción: como verbo (de abstraer las formas que existen en el mundo externo) y como adjetivo (que describe la cualidad de algo que existe mentalmente sin referencia a otros objetos específicos).
Como la abstracción lírica, cuyas imágenes alegóricas del mundo son negadas por la abstracción concreta por medio de su insistencia en la materialidad del objeto pictórico.
Pero estas manchas gestuales negras que cubren las capas de colores pasteles para convertirse en el soporte de gruesos manchones de verde, amarillo y rosado nos invitan a pensar en algo más. Nos invitan a pensar en este doble proceso contradictorio al que se enfrenta un artista contemporáneo que insiste en seguir el camino de la abstracción.
En un trabajo que, por un lado, se funda como una actividad mental basada en una relación personal que se establece con la tradición de la pintura abstracta. Por otro lado, el oficio del pintor es más que posicionarse como el siguiente eslabón de una larga genealogía, también es insistir en el valor del desafío creativo propio del modernismo, en donde su trabajo es un espacio de experimentación para crear algo nuevo por medio de un diálogo subjetivo con la materia y la forma.
Julián Serna.