Geografías del asombro
Curaduría de Elías Doria

Hernando del Villar
Teresa Sánchez
Laura Noguera


El geógrafo anarquista francés Élisée Reclus, al recorrer las costas próximas a Santa Marta a finales del siglo XIX, anotó que “el mar Caribe se extendía hasta perderse de vista, y detrás de él se alzaba la blanca cadena de la Sierra Nevada, inmenso muro de granito y hielo”. Esa voz navegante —mezcla de viento, sal y montaña— sigue vibrando en la mirada de quienes han nacido frente a un horizonte donde el paisaje persuade más de lo que se impone. Geografías del asombro es una muestra que se inspira en esa experiencia, tan distante del afán conquistador, para reconocer cómo el paisaje moldea la sensibilidad y se convierte en gramática.
Hernando del Villar, Teresa Sánchez y Laura Noguera pertenecen a tres generaciones distintas de artistas nacidos en Santa Marta que, desde tiempos y lenguajes diferentes, han establecido un diálogo sostenido con esa geografía luminosa y a la vez indómita. En ellos, el paisaje no es una vista, es presencia: forma de pensamiento que atraviesa la materia, la memoria y el cuerpo.

Geografías del asombro
Curaduría de Elías Doria

Hernando del Villar
Teresa Sánchez
Laura Noguera

El geógrafo anarquista francés Élisée Reclus, al recorrer las costas próximas a Santa Marta a finales del siglo XIX, anotó que “el mar Caribe se extendía hasta perderse de vista, y detrás de él se alzaba la blanca cadena de la Sierra Nevada, inmenso muro de granito y hielo”. Esa voz navegante —mezcla de viento, sal y montaña— sigue vibrando en la mirada de quienes han nacido frente a un horizonte donde el paisaje persuade más de lo que se impone. Geografías del asombro es una muestra que se inspira en esa experiencia, tan distante del afán conquistador, para reconocer cómo el paisaje moldea la sensibilidad y se convierte en gramática.

Hernando del Villar, Teresa Sánchez y Laura Noguera pertenecen a tres generaciones distintas de artistas nacidos en Santa Marta que, desde tiempos y lenguajes diferentes, han establecido un diálogo sostenido con esa geografía luminosa y a la vez indómita.
 En ellos, el paisaje no es una vista, es presencia: forma de pensamiento que atraviesa la materia, la memoria y el cuerpo. Aquel entorno funciona también como fuerza formativa: el campo perceptivo que predispone a sus artistas hacia la presencia y la reflexión —a veces críptica, otras involuntaria— de un espacio natural que habita en sus obras. Como Reclus, sus miradas se aproximan al territorio desde el asombro, no para describirlo, sino para escucharlo. La exposición es, así, una travesía por las distintas edades de una misma sensibilidad: la que esta tierra ha sabido engendrar entre el rumor del Caribe y la persistencia de la montaña.

Elías Doria
Historiador del arte y antropólogo
CALLE 26B # 3-47 | BOGOTÁ, CO 110311

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