
Morder el hueso
Nicolas Wills
Marzo - Abril, 2026
Durante miles de años, la caza ha sido una de las formas más directas de relación entre los humanos y el mundo animal. No se trata solamente de una práctica de supervivencia. La caza también ha organizado imaginarios, ha moldeado paisajes y ha construido una forma particular de mirar a los animales: como presas, como adversarios, como cuerpos cuya vida puede ser tomada. En ese gesto aparece una mezcla difícil de separar entre necesidad, violencia y ritual. Pero la muerte del animal no termina necesariamente en el acto mismo de la caza.
En muchas culturas, el cuerpo sacrificado también ha sido motivo de celebración. El animal abatido se convierte en alimento, pero también en trofeo, en objeto que condensa memoria y poder. Astas, pieles, huesos o cráneos pasan a ocupar un lugar visible en el espacio doméstico o ritual, transformándose en reliquias que mantienen viva la escena de la caza. El cuerpo ya no está completo, pero sus restos siguen operando como presencia, como memoria material de un encuentro entre cuerpos.

Lagarto Muerto, 2024
Cerámica / Ceramic
52 x 25 x 15 cm / 20.4 x 9.8 x 5.9 in
52 x 25 x 15 cm / 20.4 x 9.8 x 5.9 in

Hueso quijada, 2025
Cerámica / Ceramic
37 x 11 x 12 cm / 14.5 x 4.3 x 4.7 in
37 x 11 x 12 cm / 14.5 x 4.3 x 4.7 in

Trofeos de venado, 2025-2026
Cerámica / Ceramic
Medidas variables / Variable measurements
Medidas variables / Variable measurements

Patos, 2024
Cerámica / Ceramic
45 x 40 x 20 cm / 17.7 x 15. 7 x 7.8 in
45 x 40 x 20 cm / 17.7 x 15. 7 x 7.8 in

Liebre, 2024
Cerámica / Ceramic
50 x 41 x 30 cm / 19.6 x 16.1 x 11.8 in
50 x 41 x 30 cm / 19.6 x 16.1 x 11.8 in

Bodegón de caza, 2024
Cerámica y objetos encontrados / Ceramic and found objects
80 x 100 x 90 / 31.4 x 39.7 x 35.4 in
80 x 100 x 90 / 31.4 x 39.7 x 35.4 in

Brazo de reina, 2024
Cerámica y objeto encontrado / Ceramic and found object
41 x 26 x 24 cm / 16.1 x 10.2 x 9.4 in
41 x 26 x 24 cm / 16.1 x 10.2 x 9.4 in

Queso, 2024
Cerámica y objeto encontrado / Ceramic and found object
30 x 24 x 24 cm / 11.8 x 9.4 x 9.4 x in
30 x 24 x 24 cm / 11.8 x 9.4 x 9.4 x in
Morder el hueso
Nicolas Wills
Marzo - Abril, 2026
Durante miles de años, la caza ha sido una de las formas más directas de relación entre los humanos y el mundo animal. No se trata solamente de una práctica de supervivencia. La caza también ha organizado imaginarios, ha moldeado paisajes y ha construido una forma particular de mirar a los animales: como presas, como adversarios, como cuerpos cuya vida puede ser tomada. En ese gesto aparece una mezcla difícil de separar entre necesidad, violencia y ritual.
Pero la muerte del animal no termina necesariamente en el acto mismo de la caza. En muchas culturas, el cuerpo sacrificado también ha sido motivo de celebración. El animal abatido se convierte en alimento, pero también en trofeo, en objeto que condensa memoria y poder. Astas, pieles, huesos o cráneos pasan a ocupar un lugar visible en el espacio doméstico o ritual, transformándose en reliquias que mantienen viva la escena de la caza.
Pero la muerte del animal no termina necesariamente en el acto mismo de la caza. En muchas culturas, el cuerpo sacrificado también ha sido motivo de celebración. El animal abatido se convierte en alimento, pero también en trofeo, en objeto que condensa memoria y poder. Astas, pieles, huesos o cráneos pasan a ocupar un lugar visible en el espacio doméstico o ritual, transformándose en reliquias que mantienen viva la escena de la caza.
El cuerpo ya no está completo, pero sus restos siguen operando como presencia, como memoria material de un encuentro entre cuerpos.
Morder el hueso se sitúa en ese territorio ambiguo entre sacrificio y celebración. Desde su práctica en cerámica, Nicolás Wills trabaja con formas que remiten a fragmentos: huesos, extremidades, residuos corporales que parecen surgir de un paisaje ya intervenido por la acción humana. Más que representar animales, las piezas evocan aquello que permanece después de la caza. Restos que, separados del cuerpo original, adquieren una nueva condición como objetos.
Sin embargo, estas formas no se presentan bajo la solemnidad heroica que suele acompañar el imaginario del trofeo. Muchas de las figuras tienen algo torpe o vulnerable. Sus gestos recuerdan el patetismo de las tiras cómicas: cuerpos doblados, proporciones exageradas, posturas suspendidas entre la caricatura y la caída. Esa dimensión introduce una tensión particular entre tragedia y humor.
A la vez, varias piezas despliegan una sugestiva referencia al mundo de la ornamentación.
Morder el hueso se sitúa en ese territorio ambiguo entre sacrificio y celebración. Desde su práctica en cerámica, Nicolás Wills trabaja con formas que remiten a fragmentos: huesos, extremidades, residuos corporales que parecen surgir de un paisaje ya intervenido por la acción humana. Más que representar animales, las piezas evocan aquello que permanece después de la caza. Restos que, separados del cuerpo original, adquieren una nueva condición como objetos.
Sin embargo, estas formas no se presentan bajo la solemnidad heroica que suele acompañar el imaginario del trofeo. Muchas de las figuras tienen algo torpe o vulnerable. Sus gestos recuerdan el patetismo de las tiras cómicas: cuerpos doblados, proporciones exageradas, posturas suspendidas entre la caricatura y la caída. Esa dimensión introduce una tensión particular entre tragedia y humor.
A la vez, varias piezas despliegan una sugestiva referencia al mundo de la ornamentación.
Superficies, volúmenes y detalles construyen formas que recuerdan la exuberancia de lo barroco, donde el exceso decorativo convive con lo dramático. En ese registro, el cuerpo sacrificado no solo aparece como resto, sino también como motivo de celebración visual.
El barro intensifica esa ambigüedad. Proveniente de la tierra y transformado por el fuego, conserva algo de lo orgánico incluso después de endurecerse. En la obra de Wills, esta materia se convierte en un medio para pensar el destino material del cuerpo animal: su paso de organismo vivo a fragmento, de fragmento a reliquia, de reliquia a imagen. Morder el hueso se sitúa justamente en ese punto, cuando lo que queda del animal —sus restos— todavía conserva la capacidad de narrar la escena que lo produjo.
-Elías Doria
El barro intensifica esa ambigüedad. Proveniente de la tierra y transformado por el fuego, conserva algo de lo orgánico incluso después de endurecerse. En la obra de Wills, esta materia se convierte en un medio para pensar el destino material del cuerpo animal: su paso de organismo vivo a fragmento, de fragmento a reliquia, de reliquia a imagen. Morder el hueso se sitúa justamente en ese punto, cuando lo que queda del animal —sus restos— todavía conserva la capacidad de narrar la escena que lo produjo.
-Elías Doria
