Fragmentos de lo visible
Alejandro Sintura
2022
La contemplación es el aspecto más importante de mi práctica y en los cuadros que voy a presentar quiero compartir espacios desde los cuales me detuve a observar. Cada cuadro es un momento específico de la luz, un fragmento de lo visible, en un tiempo determinado. Quiero reflexionar sobre la mirada, sobre cómo la luz afecta todo lo que toca y lo renombra. Mi intención es que a pesar de ser pinturas figurativas, se pueda ver a través de ellas sus aspectos más cercanos a la abstraccion, que las pinturas se puedan leer en términos de color, composición y materia. Estoy buscando dejar de ver las cosas por sus nombres, y comenzar a entenderlas como superficies que reflejan color. Los sujetos que escojo son prácticamente irrelevantes, no estoy buscando generar una narrativa, se trata de observar con cierta indiferencia, concentrándome en las formas, colores y superficies y sus afectaciones por la luz del sol.
En cada cuadro lo esencial es la fragilidad de la luz a medida que recorre la superficie del objeto, exploro las tensiones entre los cambios sutiles de tono y temperatura. La luz hace que las cosas que provienen de distintas fuentes, ya sea un paisaje, un interior, un objeto, se empiecen a parecer, porque están conectadas por la misma mirada. Y la mirada no es algo evidente, o común, siento que a través de ella puedo entender mis propias desviaciones en la percepción, una forma particular de percibir el color, las formas, e incluso a mí mismo en el espacio. En mis imágenes busco acercarme a temas muy sencillos, provenientes de distintas fuentes en mi vida cotidiana. En cualquier lugar se puede reconocer la extrañeza de lo visible.
Dentro de las pinturas busco equivalentes visuales entre las formas que observo y la geometría sobre un plano, las composiciones de las pinturas son cerradas, los sujetos están al límite de los bordes del cuadro, trazando figuras.
La contemplación es el aspecto más importante de mi práctica y en los cuadros que voy a presentar quiero compartir espacios desde los cuales me detuve a observar. Cada cuadro es un momento específico de la luz, un fragmento de lo visible, en un tiempo determinado. Quiero reflexionar sobre la mirada, sobre cómo la luz afecta todo lo que toca y lo renombra. Mi intención es que a pesar de ser pinturas figurativas, se pueda ver a través de ellas sus aspectos más cercanos a la abstraccion, que las pinturas se puedan leer en términos de color, composición y materia. Estoy buscando dejar de ver las cosas por sus nombres, y comenzar a entenderlas como superficies que reflejan color. Los sujetos que escojo son prácticamente irrelevantes, no estoy buscando generar una narrativa, se trata de observar con cierta indiferencia, concentrándome en las formas, colores y superficies y sus afectaciones por la luz del sol.
En cada cuadro lo esencial es la fragilidad de la luz a medida que recorre la superficie del objeto, exploro las tensiones entre los cambios sutiles de tono y temperatura. La luz hace que las cosas que provienen de distintas fuentes, ya sea un paisaje, un interior, un objeto, se empiecen a parecer, porque están conectadas por la misma mirada. Y la mirada no es algo evidente, o común, siento que a través de ella puedo entender mis propias desviaciones en la percepción, una forma particular de percibir el color, las formas, e incluso a mí mismo en el espacio. En mis imágenes busco acercarme a temas muy sencillos, provenientes de distintas fuentes en mi vida cotidiana. En cualquier lugar se puede reconocer la extrañeza de lo visible.
La pintura de observación me permite estar atento a mi entorno, al pintar del natural se hacen evidentes los rápidos cambios en la luz y, por ende, la imposibilidad de ir a la velocidad en la que los objetos se transforman. Los objetos nunca están quietos, querer pintarlos, desde el comienzo es una tarea imposible, y siempre va a serlo. Esta conciencia me permite representar, de algún modo, las cosas en movimiento, entender que los sujetos y los temas son inagotables. Por esta razón, podría escoger cualquier tema y pintarlo una y otra vez sin que la complejidad y el esfuerzo disminuya, al contrario, la repetición de este ejercicio profundiza la observación.
La superficie de la pintura puede contener también gestos, donde es visible la huella del cuerpo, del desplazamiento real en el espacio al momento de aplicar la pintura. De este modo se generan tensiones entre la abstracción y la figuración, dejo abiertas zonas amplias de los cuadros que pueden ser leídos a la vez como objetos y como campos de color. Por momentos las pinceladas configuran objetos, y luego se disuelven, se desatan de los nombres, o extienden el rango de lo que pueden significar.