El Mundo De Los Signos
Hiraku Sato
Junio - Julio, 2017

La obra del calígrafo Hiraku Sato me remite a mi primer paseo por una calle de Tokio repleta de letreros ilegibles para mí. Armado con mi cámara fotográfica pasé varias horas embelesado con las formas de las letras japonesas: gruesas, delgadas, estáticas o dinámicas, pero todas hermosas y equilibradas.

En los trazos intenté adivinar siluetas de personas caminando, creí ver dos señoras sentadas conversando, una mujer recostada tomando el sol y hasta un elegante señor con bastón y sombrero.
Al ignorar totalmente el idioma japonés seguía deduciendo e imaginaba pagodas, montañas y los más disparatados objetos. Aunque en las calles había muchos letreros de marcas comerciales con letras estilizadas, los que más me atrajeron fueron aquellos avisos pintados con pincel sobre las cortinas de tela que se cuelgan en la entrada de los restaurantes.

El Mundo De Los Signos
Hiraku Sato
Junio - Julio, 2017

Japonés para todos
La caligrafía de Hiraku Sato

Por Gonzalo Robledo

La obra del calígrafo Hiraku Sato me remite a mi primer paseo por una calle de Tokio repleta de letreros ilegibles para mí. Armado con mi cámara fotográfica pasé varias horas embelesado con las formas de las letras japonesas: gruesas, delgadas, estáticas o dinámicas, pero todas hermosas y equilibradas. En los trazos intenté adivinar siluetas de personas caminando, creí ver dos señoras sentadas conversando, una mujer recostada tomando el sol y hasta un elegante señor con bastón y sombrero.

Al ignorar totalmente el idioma japonés seguía deduciendo e imaginaba pagodas, montañas y los más disparatados objetos. Aunque en las calles había muchos letreros de marcas comerciales con letras estilizadas, los que más me atrajeron fueron aquellos avisos pintados con pincel sobre las cortinas de tela que se cuelgan en la entrada de los restaurantes.

Sin preocuparme si estaba decapitando las letras, fotografiaba detalles de trazos y curvas sinuosas y juguetonas con la misma libertad de un turista que sin conocer el estilo colonial se dedica a encuadrar aldabas de puertas o los detalles de una reja. Poco después supe que la escritura japonesa estaba compuesta de caracteres llevados de China llamados kanji y un silabario inventado en Japón llamado kana.
La mayoría de mis fotos incluían kanji o trozos de kanji. Algunos japoneses que las vieron sonrieron condescendientes mientras que otros aprobaron generosos mi osadía de recién llegado que me permitía disfrutar de las formas sin preocuparme del significado.
En la caligrafía de Hikaru Sato encuentro algo de ese atrevimiento inocente que en mi caso partía de la ignorancia del idioma y en el suyo es completamente deliberado. Hiraku Sato no mutila el kanji pero lo transforma. Usa la escritura de la vida diaria en Japón como la base de su obra pero su intención no es enviar mensajes escritos a sus espectadores.

Su idea es adueñarse de los kanji, extraer su esencia y entregarlo a quien lo mira convertido en otro signo que puede o no tener algo que ver con su significado original. En Japón la palabra caligrafía se dice shou-do. La partícula final “do” quiere decir “camino” y es la misma que se usa para el arte marcial “judo” o la ceremonia del té “shado”. El aprendizaje de esas disciplinas en Japón es como un largo camino en el que se entra para nunca regresar. Aprender implica disciplina y una persistencia casi obsesiva, una práctica constante, interminable.

Hiraku Sato escribe cada semana miles de caracteres en cuadernos, en papeles pequeños, en pliegos inmensos que extiende sobre el suelo y a veces en rollos que cuelgan varios metros de espectaculares instalaciones.

Como se explica en el video que se puede ver con esta exposición, Hiraku Sato no pinta solo con la mano o con el cerebro. Como el judo, la caligrafía exige que el cuerpo entero participe con una postura inicial, un ritmo de respiración y un control de los movimientos que se transmiten a la tinta, a las cerdas del pincel y a la presión que llega al papel.
Las obras de Hiraku Sato tienen pues la disciplina, la técnica y el espíritu de la tradición japonesa. Pero al liberarse del significado lingüístico, los signos se convierten en formas abiertas y saltan de la cultura japonesa para situarse en la esfera universal del arte.

Por su misma antigüedad la caligrafía oriental precede a movimientos pictóricos modernos centrados en los trazos espontáneos como el expresionismo abstracto, el informalismo o el tachismo. Todos ellos comparten líneas, manchas, salpicaduras y un deseo liberador de hacer obras inmediatas.

Cuando escucho a Hiraku Sato explicar que sus compatriotas sienten frustración al no poder leer su caligrafía adivino el deleite de un maestro que quiere abrir los horizontes de sus discípulos enseñándoles una nueva manera de ver las cosas. Al impedirles la lectura fluida el maestro intenta igualarnos a japoneses y no japoneses.

Quiere que todos seamos espectadores de unos signos originados de un idioma hablado por más 120 millones de personas pero que al volverse ilegibles traspasan las fronteras y llegan al mundo entero.

Tokio, octubre de 2015
CALLE 26B # 3-47 | BOGOTÁ, CO 110311

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