
Good Boy
Luisa Montoya
Marzo - Abril, 2026
La verdad de la pintura
En el discurso del arte actual se ha vuelto indispensable justificar conceptualmente los parámetros que sostienen una obra. Con frecuencia, la idea antecede a la experiencia, y la obra se formula para responder a narrativas establecidas por el medio: políticas, de género, de identidad, etc. Son a veces discursos prestados, que buscan la validación del entorno institucional y curatorial. El arte se ha alejado de su sentido más profundo: la verdad.
La necesidad de incorporar estos discursos nos ha desviado de un objetivo fundamental de la creación: la capacidad del artista de plasmar su propia vivencia, aquello que ve, percibe y siente, su propia realidad. Me atrevo a decir que la pintura es el único medio de producción artística honesta. En la pintura es válido recrear la intimidad y la cotidianidad, narrar los instantes de la vida diaria sin necesidad de pretensiones conceptuales pomposas.
Good Boy
Luisa Montoya
Marzo - Abril, 2026
La verdad de la pintura
En el discurso del arte actual se ha vuelto indispensable justificar conceptualmente los parámetros que sostienen una obra. Con frecuencia, la idea antecede a la experiencia, y la obra se formula para responder a narrativas establecidas por el medio: políticas, de género, de identidad, etc. Son a veces discursos prestados, que buscan la validación del entorno institucional y curatorial. El arte se ha alejado de su sentido más profundo: la verdad.
La necesidad de incorporar estos discursos nos ha desviado de un objetivo fundamental de la creación: la capacidad del artista de plasmar su propia vivencia, aquello que ve, percibe y siente, su propia realidad. Me atrevo a decir que la pintura es el único medio de producción artística honesta. En la pintura es válido recrear la intimidad y la cotidianidad, narrar los instantes de la vida diaria sin necesidad de pretensiones conceptuales pomposas.
La necesidad de incorporar estos discursos nos ha desviado de un objetivo fundamental de la creación: la capacidad del artista de plasmar su propia vivencia, aquello que ve, percibe y siente, su propia realidad. Me atrevo a decir que la pintura es el único medio de producción artística honesta. En la pintura es válido recrear la intimidad y la cotidianidad, narrar los instantes de la vida diaria sin necesidad de pretensiones conceptuales pomposas.
Después de ser sentenciada a muerte y de resucitar, la pintura ha vuelto con fuerza, pero mantiene una posición ambigua. Se reconoce su valor comercial pero, al mismo tiempo, se le ubica en un lugar secundario frente a prácticas más discursivas. La pintura es una técnica exigente y un lenguaje creativo difícil, pues es necesario someterse al rigor del aprendizaje para poder dominarla y es por eso que muchos artistas recurren a técnicas más fáciles de ejecutar y se sustentan en el discurso antes que en la forma.
El trabajo de Luisa Montoya se inscribe en esta comprensión de la pintura como un acto de valentía. Su obra nace de la observación de su entorno y de la necesidad de poder compartirlo. En su práctica, lo íntimo y lo cotidiano se transforman en materia pictórica. Sus recuerdos y afectos adquieren presencia en escenas que conmueven, porque surgen de un vínculo real con lo que está representado. Luisa pinta su vida.
Luisa Montoya ha desarrollado una destreza técnica que le permite plasmar su realidad, la cual surge del encuentro entre la mirada, la memoria y la materia. Con un lenguaje auténtico y una paleta muy acertada, logra que quien se pare frente a su obra viva, por un instante, su vida. En la obra de Luisa Montoya, la pintura recupera su condición esencial: trasladar la vida al lienzo.
El trabajo de Luisa Montoya se inscribe en esta comprensión de la pintura como un acto de valentía. Su obra nace de la observación de su entorno y de la necesidad de poder compartirlo. En su práctica, lo íntimo y lo cotidiano se transforman en materia pictórica. Sus recuerdos y afectos adquieren presencia en escenas que conmueven, porque surgen de un vínculo real con lo que está representado. Luisa pinta su vida.
Luisa Montoya ha desarrollado una destreza técnica que le permite plasmar su realidad, la cual surge del encuentro entre la mirada, la memoria y la materia. Con un lenguaje auténtico y una paleta muy acertada, logra que quien se pare frente a su obra viva, por un instante, su vida. En la obra de Luisa Montoya, la pintura recupera su condición esencial: trasladar la vida al lienzo.
En la serie Good Boy, Luisa Montoya aborda una experiencia reciente: la convivencia con su perro durante sus dos primeros años. Es un tema que puede parecer trivial dentro de las exigencias del arte contemporáneo. Pero hasta David Hockney enfrentó una duda similar cuando decidió pintar a sus perros en la serie Dog Days, cuestionando si lo cotidiano sostenía una obra y si era realmente “válido” pintar un animal doméstico. En Dog Days, los perros encarnaron vivencias, al igual que Elvis en la serie Good Boy de Luisa Montoya.
Luisa pensó que pintar a un perro que la perseguía por todos lados sería sencillo, que sería casi como pintar su propia sombra. Pero pintar a Elvis significó un reto, pues no se imaginó que sería ella quien tendría que perseguirlo.
— Ana Mosseri
Luisa pensó que pintar a un perro que la perseguía por todos lados sería sencillo, que sería casi como pintar su propia sombra. Pero pintar a Elvis significó un reto, pues no se imaginó que sería ella quien tendría que perseguirlo.
— Ana Mosseri
